MEDIACIÓN
/Centro Cultural de Pueblos Indígenas de la Ciudad de México. Eugenia de Jesús López/
San Juan Copala, Oaxaca

Tipo. COLECTIVO DE ARTESANAS
Contacto.
Población con la que trabaja.
Actividad o Género.
Textil

Eugenia de Jesús López aprendió a tejer desde los ocho años. Le enseñó su abuela en San Juan Copala. Comparte que la primera pieza que tejió fue un huipil chiquito, después aprendió a hacer jorongos y poco a poco fue haciendo piezas más grandes. Dice que “antes en su comunidad, tejían textiles con diseños de animales, grecas, soldaditos” y otros íconos que ya casi no usa pues, viviendo en la ciudad, cada vez teje menos en telar de cintura. Llegó muy joven a CDMX y en ese entonces todavía se vendían las servilletas y jorongos, pero en la década de los 90 empezó a mermar la venta por lo que diversificó su trabajo y aprendió a tejer pulseras, diademas y gorros. Sin embargo, ha continuado con el tejido del huipil tradicional entre las mujeres triquis para perpetuar su identidad indígena.

Eugenia vende artesanías en el mercado de la Ciudadela y otras plazas de la Ciudad de México. Entre sus labores, los encargos de las mujeres triquis que no saben tejer le han ayudado a mantener esta herencia en la Ciudad de México. Eugenia comenta que los huipiles triquis se caracterizan por presentar diversas figuras, entre ellas, mariposas. Su trabajo está dividido entre la ciudad y San Juan Copala, pues como muchos artesanos, establece redes de trabajo entre su comunidad y la metrópoli. Pertenece al Centro Cultural de Pueblos Indígenas de la Ciudad de México desde hace 4 años, un colectivo que integra a 108 personas de varias identidades indígenas como triquis, nahuas, mazatecos, mazahuas, otomíes y totonacos, entre otras. Conoció el colectivo por amigos triquis. Entre las actividades de este Centro, se encuentra el intercambio cultural a través de talleres de lenguas indígenas y de tejido, que algunas veces se realizan en la Plaza Garibaldi. En estos talleres, por lo general, las personas de un grupo étnico les enseñan parte de su lengua y técnicas de tejido a personas de otras etnias. Eugenia comenta que en el colectivo conoció a otros triquis con los que ahora trabaja y ha enriquecido su propia labor.

Para Eugenia la labor textil se entreteje con su habilidad para curar a las personas, la cual adquirió por medio de sueños después de su propia crisis de salud, así comenzó a limpiar niños, a atender a mujeres embarazadas para acomodar al niño, a quitar el espanto y a aliviar dolores musculares de los adultos. Con copal y tabaco quita los males que deja un muerto y frecuentemente usa plantas nativas de su comunidad a donde vuelve cada vez que puede, especialmente para estar presente en la fiesta de Tata Chu, la cual se celebra anualmente a finales de febrero o principios de marzo.